En los más de siete meses de aislamiento y distanciamiento social frente a la pandemia, las y los adultos mayores han sido uno de los grupos más susceptibles al impacto que implican estas medidas. Sin embargo, las percepciones entre ellos respecto de la cuarentena, la incidencia sobre su vida cotidiana y la formulación de estrategias para sobrellevar la situación han sido ambivalentes, caracterizándose por una complejidad de significados. Esta fue la conclusión a la que llegó el centro de estudios CEC de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, que realizó una encuesta a mayores de 60 años del Área Metropolitana de Buenos Aires con el objetivo de realizar un informe sobre el impacto que las medidas sanitarias han tenido sobre sus vidas.

«Cuando les preguntamos a las personas mayores qué era para ellos la cuarentena, nos encontramos con dos miradas ambivalentes que, por un lado, la identificaban como una necesidad, una obligación o un cuidado, pero, por el otro, la relacionaban con una montón de palabras vinculadas al padecimiento subjetivo«, explicó Romina Manes, doctora en Ciencias Sociales y una de las investigadoras del CEC que realizó el estudio. 

Como parte del estudio se les pidió a los adultos mayores que estimaran en una escala del 1 al 5 el impacto de las medidas de aislamiento en sus vidas cotidianas. El siguiente gráfico muestra cómo se distribuyeron las respuestas:

Sufrimiento y necesidad

Una de las principales conclusiones a las que llegó el relevamiento –elaborado a partir de una encuesta realizada durante el mes de septiembre a 570 personas mayores de 60 años que residen en Capital Federal y el Gran Buenos Aires— consistió en que las políticas de aislamiento acarrearon «un juego de doble complejidad en el que, mientras hay muchas sensaciones vinculadas al sufrimiento de estar encerrados, también se las ve como una medida preventiva e imprescindible para preservar la salud y la vida«, indicó Manes en diálogo con PáginaI12

Pese al padecimiento generado, no se registró una gran resistencia a la cuarentena, ya que sólo el 6 por ciento de las personas encuestadas caracterizó a la situación como «encierro» o «falta de libertad».

Estado presente, pero invisible

Otro de los fenómenos que la encuesta reveló estuvo vinculado a la forma en la que los y las adultas mayores perciben la intervención del Estado en sus economías. «Una de las cosas que más nos llamó la atención cuando les preguntamos sobre qué ayuda habían contado durante el ASPO, fue la poca referencia a la presencia del Estado percibida: sólo el 1 por ciento declaró percibirla. A pesar de las numerosas políticas económicas que se implementaron, como la gratuidad de los medicamentos o el congelamiento de las tarifas, estas no aparecieron en las percepciones«, indicó Manes

«El 100 por ciento de los encuestados están insertos dentro del sistema de Seguridad Social, ya sea porque son jubilados o pensionados (86 por ciento) o porque tienen un empleo formal (14 por ciento), pero nunca identificaron eso como presencia del Estado –agregó la investigadora–. O sea que para ellos, la pensión o la jubilación no las da el Estado, sino que están asociadas a cuestiones individuales vinculadas a la meritocracia. Esto es preocupante porque significa que hay medidas concretas que después no se traducen en percepciones», reflexionó.

Las ayudas familiares

Respecto a las redes de cuidado, el 70 por ciento de los encuestados manifestó que contó con colaboración de algún tipo, destacándose la participación de las familias. «Acá observamos de nuevo esta doble mirada, porque si bien el vínculo social se vio fortalecido, nos encontramos también con que causó un fuerte impacto el distanciamiento de los seres queridos», agregó Manes.

Uso de nuevas tecnologías

Otro de los puntos que el informe del CEC-UBA destacó fue que, más allá de los prejuicios existentes respecto al aprendizaje y uso de nuevas tecnologías entre las personas mayores, más del 81 por ciento de los encuestados señaló que incorporó el uso de alguna nueva aplicación informática. El estudio mostró también que, a mayor nivel educativo, mayor incorporación de nuevas tecnologías.

Si bien las y los investigadores quer participaron del estudio –entre les que se encuentran Carla Di Gregorio, Marianela Carchak, Leonardo Melchenko, Yaiza Merlo y Damian Savino– destacaron que la encuesta no podía considerarse representativa de todos los sectores sociales porque fue realizada a través de cuestionarios virtuales, sí destacaron que era significativa por la cantidad y la distribución geográfica de los casos. «Que el 81 por ciento haya indicado que incorporó una nueva tecnología rompe con el prejuicio de que las personas mayores no aprenden cosas nuevas», indicó Manes.